El diputado que esta semana contribuyó a aumentar el desprestigio de la institución más importante del sistema democrático ingresó gracias a las denominadas listas sábanas, y ese es el nudo del problema

(Shutterstock)

Los diputados que el jueves por la noche estábamos en el recinto no entendíamos a qué hecho se refería el presidente de la Cámara, Sergio Massa, cuando interrumpió la sesión para solicitar la suspensión del diputado Juan Emilio Ameri. Solo tuvimos que acceder a las redes sociales para ver el escándalo que se había desatado.

El sentimiento fue de indignación e impotencia. Si hay algo que los argentinos necesitamos como nunca es un Congreso respetable y confiable, capaz de funcionar realmente como sistema de frenos y contrapesos. Sin embargo, situaciones como la del jueves por la noche contribuyen a consolidar lo que en mayo de este año detectó la consultora Management & Fit en su Relevamiento de Confianza en las Instituciones: dos de cada tres argentinos tienen una opinión negativa sobre el Congreso de la Nación. No cabe duda que más allá de los detalles de este último escándalo, nos enfrentamos a un problema de representación que sólo podrá solucionarse encarándolo como tal.

Con Juan Emilio Ameri tengo algo en común: ambos accedimos a la Cámara de Diputados por corrimiento, en reemplazo de otros diputados. En mi caso en dos oportunidades. En 2015 en reemplazo de Sergio Bergman y en 2019 en reemplazo de Elisa Carrió. Para llegar a integrar esas listas tuve primero que pasar un proceso electoral interno en mi partido, Unión por la Libertad, para luego ponerme a disposición de los “armadores” de las listas definitivas de la alianza electoral. Unión por la Libertad fue un partido liberal, miembro activo de la Internacional Liberal, que se fusionó con el PRO en 2018. Integré las listas de Cambiemos en dos oportunidades representando esas ideas, pero fui el séptimo en la lista de 2013 y décimo en la lista de 2017, así que eso nadie lo sabe ni lo supo al momento de votar.

En 2017 el ahora ex diputado Juan Emilio Ameri era el tercer candidato en la lista del Frente Ciudadano de la Victoria, de Salta. Tras aquellas elecciones ingresaron los dos primeros candidatos y dos años más tarde, los diputados Sergio Leavy y Nora Giménez se presentaron en las elecciones de 2019 como candidatos a senadores. Al obtener sus bancas, Juan Emilio Ameri ingresó a la Cámara de Diputados por corrimiento de los anteriores. En síntesis, el diputado que esta semana contribuyó a aumentar el desprestigio de la institución más importante del sistema democrático ingresó gracias a las denominadas listas sábanas, y ese es el nudo del problema.

La dinámica electoral conocida como “lista sábana” puede ayudar a que personas sin legitimidad o representatividad lleguen a lugares de toma de decisiones cuando se combina con la ausencia de democracia interna que existe en la mayoría de los partidos políticos.

Las elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) fueron en principio un intento de legitimar la participación del ciudadano, eliminando las viejas internas partidarias y abriéndolas a toda la sociedad. Tal como sucede en otros países, las PASO permitieron a los ciudadanos elegir libremente una lista de pre-candidatos para que luego pueda participar en las elecciones generales. Pero esto en nada cambió la manera en que se definen los integrantes de esas listas. La única modificación, hasta el momento, es la Ley de Paridad de Género, que establece que las listas deben constituirse intercalando hombres y mujeres.

Por lo tanto, hoy el elector toma una boleta en el cuarto oscuro desconociendo a la mayoría de los candidatos de la lista que decidió votar. En tal sentido, en los últimos años han surgido iniciativas como la denominada Ficha Limpia, que busca evitar que condenados por delitos de corrupción accedan a cargos electivos, o propuestas que promueven el voto informado, transparentando los perfiles de la totalidad de los integrantes de las diferentes listas.

En ambos casos se trata de propuestas tendientes a utilizar el veto como herramienta de corrección, y por lo tanto son muy útiles, pero solamente una reforma profunda e integral del sistema electoral podría lograr que los electores intervengan de manera directa en la integración final de las listas.

Resulta imperioso devolverle a la ciudadanía la genuina libertad de elegir. Sumarle valor a su voto para que quienes ocupan una banca sean personas que, mínimamente, se hayan ganado la confianza de los ciudadanos más cercanos y evitar que ignotos bendecidos accedan a las bancas legislativas gracias al apoyo de estructuras políticas que muchas veces carecen de representatividad. Se necesita un cambio profundo, además, para que la lealtad de los representantes sea con sus votantes, antes que con las cúpulas partidarias.

¿Qué más podemos hacer entonces para mejorar el sistema de representación? Sin dudas, siempre garantizar esquemas de competencia mínima hacia adentro de los partidos y procesos de afiliación simples y transparentes, por ejemplo vía web, tal como propuse en un proyecto de ley que presenté apenas asumí en mayo de este año. Pero lo más importante, insisto, es terminar con las listas sábana y adoptar esquemas que permitan una mejor representación. Podemos, por ejemplo, implementar un sistema electoral abierto, transparente y propio del siglo XXI, como el Voto Único Transferible (VUT).

El VUT es un sistema de voto plurinominal donde cada elector vota a más de un candidato en una boleta, indicando a quién o quiénes prefiere y con un orden de prioridad. El VUT permite que se conformen las listas de candidatos a partir de la preferencia individual de cada votante, expresada a través de una escala numérica. A diferencia de la lista sábana, este sistema permite no sólo alterar el orden de los candidatos sino también descartar a los que no sean de su preferencia. Australia ofrece el caso de estudio más interesante, donde desde 1948 el Senado se elige por medio del voto único transferible.

Es hora de defender la honorabilidad del Congreso como último bastión de representación ciudadana. Es hora de conocer a los representantes y elegirlos por sus virtudes, principios y valores. Es hora de abordar los problemas con la profundidad que requieren. No importa si no es lo que se estila o si no es lo que se viene haciendo desde hace años. La gravedad de la crisis de representación pide a gritos ideas innovadoras.