El 13 de mayo de 2020 asumí por segunda vez como diputado nacional, esta vez para cumplir mandato hasta diciembre de 2021 en reemplazo de la Dra Carrió.

Integré la lista de candidatos que surgió electa el 27 de octubre de 2017 con casi el 52% de los votos. Mi participación en esa lista, como en 2013, fue producto de una alianza electoral entre mi partido, Unión por la Libertad, y las demás fuerzas políticas que integramos Juntos por el Cambio en la Ciudad de Buenos Aires: PRO, Coalición Cívica-ARI, Confianza Pública, Demócrata Progresista, Demócrata, UCeDé y un sector de la UCR.

Juntos por el Cambio representa un proceso político que alcanzó su punto máximo en 2015, con el acceso de Mauricio Macri a la Presidencia de la Nación. Pero ese proceso de ninguna manera fue obra de un solo partido ni de los partidos que formalmente configuraron la alianza electoral, sino que fue construido también, en gran parte, por el aporte y la participación de los ciudadanos independientes que se movilizaron en las protestas contra la resolución 125, en el #8N y las marchas cívicas de 2012, y en el movimiento de fiscales de mesa voluntarios que se denominó Ser Fiscal, del cual fui uno de los fundadores.

Además de la diversidad social, también es importante destacar la diversidad ideológica. De esta manera, en correspondencia con los diferentes partidos integrantes de la alianza, Juntos por el Cambio conlleva en su interior ideas provenientes del radicalismo socialdemócrata y el peronismo antikirchnerista, de partidos conservadores locales, de partidos más orientados a la gestión, como es el caso del PRO, y de partidos como la Coalición Cívica ARI o Confianza Pública, que enfocan su acción política en la lucha contra la corrupción.

Pero en este proceso político también participamos ciudadanos identificados con las ideas liberales que promueven un Estado limitado y el resurgimiento de la iniciativa privada como motor del progreso. En rigor de verdad, fuimos pocos los dirigentes liberales que en semejante alianza pudimos acceder a las listas de candidatos, pero dentro del 52% del electorado porteño que votó a Juntos por el Cambio en 2017 fueron miles los que entendieron que las ideas de la libertad son las que nos permitirán salir de esta larga crisis que atravesamos los argentinos. En esa elección no hubo ninguna boleta 100% liberal, y en ese contexto los liberales votamos masivamente a Juntos por el Cambio.

Por eso hoy, más allá de mi pertenencia a un determinado bloque legislativo (honrando el voto como contrato entre el elector y el candidato), mi compromiso es representar en la Cámara de Diputados a esos ciudadanos que en el contexto actual reclaman una voz que se alce en defensa de todas las libertades individuales.

Cuando un ciudadano se incorpora a un partido político y a una alianza electoral no enajena su conciencia, y tampoco olvida las ideas, los valores y los principios del partido con el que accedió a la banca, en mi caso Unión por la Libertad. Este partido, disuelto en marzo de 2018 para fusionarse con el PRO, fue miembro activo de la Internacional Liberal y la Red Liberal de América Latina.

La desaparición de Unión por la Libertad fue el disparador para la fundación de Mejorar, un nuevo partido liberal que iba naciendo y creciendo a la par de otras iniciativas afines, lo que motivó a trabajar para unirlas en una sola fuerza política. Así, de la fusión de Mejorar, Recrear, Uni2 y el Partido Libertario, nació Republicanos Unidos, un partido liberal que, a pesar de mi pertenencia al bloque, no integra Juntos por el Cambio.

Ante la pregunta sobre por qué Republicanos Unidos no integra Juntos por el Cambio, para mantener a la oposición unida, suelo expresar que en principio es porque nadie nos invitó a sumarnos. Más allá de eso, también es porque los liberales no queremos repetir errores del pasado, y por lo tanto no queremos volver a integrar listas de candidatos en alianzas donde no tendremos voz ni voto, donde los candidatos se elijan a dedo, y donde queden de lado los necesarios acuerdos programáticos que incluyan las ideas que promovemos. Hoy es importante cambiar las ideas que movilizan a la dirigencia argentina. No es una cuestión de cargos, sino de ideas.

Ese es mi compromiso político. En tanto, mi compromiso de gestión parlamentaria se basa en la idea de que un liberal debe legislar para limitar al poder, y no para ahogar con regulaciones la vida de las personas. En función de esto, con mi equipo estructuramos el trabajo en tres ejes. Uno de control al Gobierno, que engloba los pedidos de informes, la derogación de leyes intervencionistas y normativa para limitar el accionar del Estado sobre las personas. Otro más propositivo, donde volcamos los proyectos de ley que permitan indicar el camino hacia los verdaderos cambios que se necesitan. Y finalmente un eje para elevar la calidad institucional del Poder Legislativo, donde trabajamos para mejorar los estándares en la creación y revisión de las leyes, y donde buscamos incorporar la evidencia científica en el proceso parlamentario.